Parejas y heridas de la infancia

 

 

  
 

 

El encuentro:
    Emilio se cimbra cuando a la distancia mira junto a aquella muchacha menudita y de mirada penetrante sentada con Tere, su prima.  Aún sin quererlo el corazón comienza a latir aceleradamente mientras se acerca al lugar. Al encontrarse las miradas, ambos retienen la respiración y apenas pueden escuchar a Tere diciendo: Lucia te presento a Emilio, Emilio ella es Lucia.  Más que verse por primera vez aquello parecía un reencuentro… A poco de empezar a salir Lucia y Emilio se hicieron novios y ambos coincidían en que parecía que se conocían de toda la vida, de toda la vida.

       Tal vez algo similar te sucedió; y a poco de conocer tú pareja, incluso cuando se vieron por primera vez te pareció tan familiar, como si la conocieras de toda la vida. ¿Por qué sucede? La respuesta no es tan romántica como nos gustaría.  Sucede que la mayoría de las veces lo que reconocemos no es a la persona en sí misma, sino un patrón de conducta, una forma de ser, que efectivamente conocemos “de toda la vida. Inconscientemente reconocemos el estilo de mamá o papá.

 

 

Una pareja como papá o mamá

Algunos creemos otros no, pero casi todos hemos escuchado: “solemos elegir una pareja que se parece a papá o mamá” quizá tú pienses tú no; pero te invito a que recuerdes personas cercanas y tal vez lo puedas ver más fácilmente en otros.  Incluso tal vez conoces personas que parecen elegir parejas con un determinado patrón una y otra vez.  

 

       Recuerdo una amiga que se quejaba de que su sobrina, a quien habían rescatado de una relación de maltrato, pocos meses después tenía una nueva pareja que la maltrataba tanto o más que la anterior.  Casi todos conocemos alguna mujer que se relaciona continuamente con varones alcohólicos. Por supuesto que los hombres no se eximen de repetir patrones tóxicos y así vemos hombres que constantemente tienen parejas  demandantes, irresponsables, conflictivas…       

       Con frecuencia en la consulta terapéutica escucho decir “es que me tocan puras personas que son...” y yo pregunto ¿Te tocan o eliges? y es natural que para muchos asumir la responsabilidad de la elección de pareja sea difícil porque la elección de pareja es mayormente inconsciente y la hace nuestro niño o niña herid@.  


       Pero, antes de continuar explicaremos ¿Qué entendemos por niño o niña herid@? Metafóricamente llamamos niño o niña herida a las cicatrices emocionales que quedan cuando en la infancia sufrimos eventos que nos lastimaron, nos dolieron, nos asustaron o nos enojaron y son como una herida abierta porque no tuvimos oportunidad de expresar o hacer lo que en aquel momento queríamos.

 

 

Significados catastróficos

       No necesariamente son eventos que en sí mismos, y ante la mirada de un adulto, sean graves, pero como bien sabemos y esto se aplica doblemente cuando somos pequeños; no importa el evento en sí mismo, sino el significado que le damos. Así por ejemplo una bebita de 1 mes tiene hambre y su madre tarda 5 o 10 minutos porque estaba en el baño eso lo puede vivir como un abandono. Puedes sentirte no querido si tu mamá no te atiende cuando tú insistes en mostrarle un dibujo, justo en el momento que le avisan la muerte de una amiga.  Incluso un grito fuerte de papá cuando estamos a punto de tocar algo extremadamente caliente… o me compra lo que quiero…Todos estos son hechos que pueden dejar una herida infantil porque el significado que como niños le damos a estos eventos pueden ser catastróficos: “no me quiere, no le importo, prefiere a mi hermano…”

 

 

Victimas

       Por otro lado, papá y mamá a veces en realidad son injustos, a veces están malhumorados, a veces son violentos, a veces se sienten frustrados o decepcionados...  Por tanto, todos en mayor o menor medida hemos sido víctimas del mal humor, el miedo o la poca autoestima de nuestros cuidadores. Sin duda la mayoría de ellos nos amaron, y nos dieron lo que había en su corazón, sólo que a veces en los corazones de papá y mamá sólo hay dolor, frustración, ira, miedo…  Cuando el daño es muy profundo y vivimos mucho abandono, maltrato, humillación o traición  el dolor puede resultar insoportable y con frecuencia, el niño o niña como una forma de protección, reprime sus sentimientos, puede hasta olvidar los recuerdos traumáticos y justifican e idealizan a quienes lo lastimaron.   No es raro que niños y niñas sometidos a abusos suelen sentirse culpables y “malos” en un afán inconsciente y amoroso de conservar la imagen de un padre “bueno”. Sin embargo, aunque hayamos olvidado los eventos dolorosos y pensemos que nuestra niñez fue feliz, las heridas ocultas de la infancia determinan muchas de nuestras conductas y emociones de adultos. Y como no somos conscientes de todo esto, o somos poco conscientes, con frecuencia no asumimos la responsabilidad en nuestra situación de vida y nos vivimos como víctimas: “tengo mala suerte”, “mis jefes no me quieren”,  “no tengo padres ricos”, “me tocan puros alcohólicos”,  “soy violento porque ella me provoca” y muchas frases más que evaden la responsabilidad de  nuestras acciones.

 

 

Destino o elección

      Tenemos una idea muy romántica de la relación de pareja y es común creer que la pareja  nos llega del cielo: “matrimonio y mortaja del cielo bajan” no obstante si bien es cierto que muchas veces las formas en que conocemos a nuestras parejas son bastante inusuales, la verdad es que nosotros tenemos inclinaciones que nos hacen preferir a un tipo especial de personas sobre otras. Pensamos que elegimos nuestra pareja de forma consciente, pero esta elección está determinada, en gran medida, por nuestro niño o niña interno herid@.  Muchas veces cuando escuchamos esto por primera vez nos parece increíble.  Yo recuerdo que me resistí a creerlo cuando lo escuché en mi formación como terapeuta, a pesar de que había manifiestas evidencias en mi propia relación de pareja. Lo fui aceptando a medida que me adentraba en mi preparación. Pero se volvió una convicción contundente en la práctica de mi trabajo profesional acompañado y asesorando parejas.  Me he sorprendido, por ejemplo, cuando alguna persona me está relatando algún problema con la pareja y de pronto su tono de voz y postura parecen la de un niño, o niña. Otras veces en medio del trabajo terapéutico aparece la imagen de papá y mamá, o incluso algún recuerdo de un evento similar al que está viviendo con la pareja. Esto es tan recurrente en el trabajo terapéutico con parejas que me atrevo a afirmar que de alguna manera a veces confundimos (no es sentido literal) a la pareja con papá o mamá y le cobramos facturas de lo que nuestros padres nos hicieron.

 

Repitiendo historias

       Sin duda todos hemos escuchado decir que solemos formar cadenas y repetir, de alguna forma lo que vimos en casa.  Y por ello el estilo de pareja que construimos suele ser muy parecido al de papá y mamá.  Por ejemplo es relativamente común darnos cuenta que en algunas familias el alcoholismo o el maltrato, o cualquier otro patrón se ha repetido por varias generaciones y a pesar de que las hijas juraron que nunca se casarían con personas como su padre o que nunca aguantarían como su madre acaban haciendo lo mismo, y muy probablemente lo hagan sus hijas y las hijas de sus hijas.

Quizás en este momento estén surgiendo algunas preguntas como:

¿Eso significa que con frecuencia elegimos mal?

¿Esto se puede evitar?

¿Por qué si sufrí eso de chico o chica lo querría volver a sufrir?

¿Qué puedo hacer para no repetir la historia?

¿Cómo puedo romper un patrón?

Estas y otras, son preguntas que escucho con frecuencia y que espero comentar en la segunda parte de este artículo, sin embargo, quiero adelantarte que hay respuestas muy alentadoras. Por lo pronto diré que usualmente nuestro niñ@ interior elije bien y que la relación de pareja puede ser una relación de crecimiento, pero hay que hacer un trabajo personal  en vez de esperar que la pareja cambie.  Con respecto al tema que nos ocupa diremos que en la medida que podamos ser conscientes de que las heridas del pasado se avivan en nuestra relación de pareja, podremos dejar de cobrar a nuestra pareja lo que nos hicieron nuestros padres o cuidadores (aunque sólo hablé de papá y mamá en este artículo, porque es lo más común, lo mismo, aplica para los abuelos, tíos o quienes haya sido nuestros cuidadores). 

 

     Algo que puede ayudar a esta consciencia y que nos puede ayudar a vivir mejor en todos los aspectos es buscar dentro de nosotros ese niño, esa niña herid@ y hablarle amorosamente, decirle que es importante para nosotros y que la queremos y aceptamos tal y como es. Y aunque parezca ridículo también ayuda mucho que cuando tengamos algún conflicto con la pareja nos digamos en silencio. Este no es tu papá o mamá, y yo ya no soy un/a niñ@.  Por favor no me creas  hazlo y tú verás que funciona.

 

Silvia Graciela Moreno López 

PsicoterapeutaCoachSexóloga.

silviagracielam@gmail,   

 

 

 

   

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